Arte y burocracia

¿Qué sucede cuando la realización de un proyecto depende del beneplácito del estado? ¿Qué hacer si el apoyo gubernamental es negado una y otra vez? ¿Cómo afectan los aparatos burocráticos a las prácticas creativas de la comunidad artística? La muestra Expediente, de Arte Bajo Cero, explora estas cuestiones haciendo visible un costado poco conocido del mundo del arte.

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Se sabe: la inmensa mayoría de los artistas no logra vivir exclusivamente de su arte, especialmente en Latinoamérica. Lo elusivo de la prosperidad comercial nos convierte como artistas en buscadores perpetuos de becas, subsidios, préstamos. El juego del arte es así, y esa suerte de pordioseo profesional es aceptada como condición para poder, apenas, crear y subsistir. Sin embargo, los organismos estatales, mecenas de las artes por excelencia fuera del primer mundo, no distribuyen sus fondos de manera pareja entre la comunidad artística. El dinero rara vez se vuelca en iniciativas que no respondan a lógicas discursivas accesorias al poder.

Desde 2009 el colectivo Arte Bajo Cero intentó llevar adelante un proyecto que buscaba documentar la geología de la Patagonia en clave artística. La propuesta del dúo formado por Julio Gaete Ardiles y Sebastián Trujillo era ambiciosa: se desarrollaría en Chile y Argentina, e involucraría la participación de especialistas, equipamientos costosos, traslados, estadías. Su obra exploraría una región de enorme relevancia económica y cultural para ambos países, y los realizadores confiaron en que la financiación sería de origen estatal.

Los pedidos de financiamiento se realizaron permanentemente, y se prolongaron por al menos tres años. Finalmente, los artistas comprendieron que su idea no se correspondía con los discursos hegemónicos, y que probablemente no sería apoyada económicamente por ninguna organización gubernamental. Aunque la ejecución del proyecto se suspendió, sí quedó una infinidad de documentos que dan cuenta tanto de los pedidos y postulaciones formales como de las respuestas oficiales de los distintos organismos. Estos documentos conforman la exposición curada por Nicolás Koralsky, EXPEDIENTE, que puede visitarse en Arcimboldo Arte Contemporáneo hasta el 28 de julio.

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El trabajo presenta el monstruo burocrático con que los artistas se ven obligados a luchar para convertir a sus ideas en obras. Se trata de una bestia feroz y, lamentablemente, la pelea a veces se pierde. El trabajo de Arte Bajo Cero expone además la realidad de un sistema infectado no solo de arbitrariedad y nepotismo, sino que además es cínico y ventajero. Porque cuando de arte se trata, las burocracias son mezquinas para dar apoyos concretos, pero enormemente dadivosas a la hora de proveer un sostén moral que de poco sirve al artista, al tiempo que garantiza un resguardo contra quien acuse al sistema de emplear los recursos a su disposición de manera dudosa ¿Cómo interpretar de otro modo el anuncio (siempre “muy grato” para el emisor)  de que se otorgará “un patrocinio nominal” que “obliga al beneficiario a la inserción del logo”, si bien “no involucra recursos por parte de” la organización en cuestión?

En Expediente se materializa el campo de obstáculos que es toda burocracia, mecanismos ineficientes que a menudo no parecen diseñados para otra cosa más que entorpecer la vida. Y que vuelven la cotidianidad del artista más kafkiana de lo que en general se sospecha.