El cubo blanco y la calle

Elsi del Río y Andrés Agosin subvierten la barrera que separa a las bellas artes del street art.

Andrés Agosin / Monk

Andrés Agosin / Monk

Los vernissages son y serán vernissages. Participar de uno inevitablemente implica respirar una atmósfera en que se entremezclan hedores de pretensión, vino tinto y billetes. Y aunque una galería palermitana no sea el mismísimo epicentro del mundo del arte internacional, y se busque imprimirle una onda más relajada y cool, ese componente social medio berreta sigue siendo necesario para la subsistencia de un arte realizado de manera profesional. Por suerte, el sabor de esos eventículos es menos agrio cuando hay algo que mirar. La inauguración de Edén, de Andrés Agosin en Elsi del Río, tuvo qué ofrecer.

Agosin trabaja bajo el pseudónimo artístico de “Monk”, y su pintura tiene más en común con el Street Art que con lo que suele esperarse de una galería de arte. De hecho, sus murales callejeros no solo pueden verse en diversos rincones de la ciudad, sino que una de las obras de la exposición está pintada directamente sobre una pared del patio de la galería. La factura cuidadosa y la potencia visual de sus imágenes son coherentes con su formación como diseñador gráfico y su trabajo como ilustrador. En otros artistas las manchas y los desbordes de pintura hacen sospechar una falta de cuidado o de destreza, a menudo disfrazadas de expresión. Con Agosin funcionan siempre como un recurso empleado cuidadosamente con fines plásticos, generando profundidad o completando una composición, rara vez rellenando espacios gratuitamente.

Vernissage en Elsi del Río

Vernissage en Elsi del Río

Las creaturas que habitan el Edén de Monk, animales más o menos fantásticos pintados en colores ácidos, logran ser todo lo eficaz que deben. Entendiendo el término eficacia en el sentido que el street art necesita darle, ya que una obra que no tome al transeúnte por las solapas y lo obligue a mirar, de alguna manera ha fallado en su cometido. Esa característica, que pone a la labor de los vulgares grafiteros en un lugar más genuino (y, acaso, respetable) que el de otros participantes del mundillo del arte, en el caso de Agosin no está desprovista de ciertos desperfectos. El acartonamiento o la falta de dinamismo de ciertos personajes es claramente voluntario, pero por momentos entorpece la apreciación de las construcciones compositivas. La falta de consistencia en la factura y en la potencia de las obras de formato más chico me parece menos intencional. Se me ocurre que tiene que ver con la razón por la cual los street artists se especializan en pintar paredones en lugar de cuadritos.

La verdad es que hubiera podido pasar cualquier otro día, disfrutando de las obras en apacible soledad. Solo puedo explicar mi visita como fruto de la curiosidad por el ambiente sintético de la institución arte. Y aunque la situación no me haya sido particularmente cómoda, celebro que la estética del arte callejero se abra paso en el ámbito de las galerías. A juzgar por los puntos rojos en las paredes en Elsi del Río, no soy el único.

Andrés Agosin / Monk

Andrés Agosin / Monk