Intervenir la mirada

Lula Mari esclarece aspectos poco evidentes del acto de mirar con una escenografía que transgrede convenciones respecto de la presentación de obra.

Lula Mari, Cangrejos y Granadas, 2014

Lula Mari, Cangrejos y Granadas, 2014

La galería Alpha Centauri queda arriba de un bar, paso obligado para llegar al espacio de exhibición. La gente que va a ver exposiciones se compra una cerveza, sube por una escalerita, mira algunas obras, baja, fuma un cigarrillo en la vereda, escucha un poco de música y se va. O se queda a tomar otra cerveza con sus amigos.

Lo relajado del espacio, menos acartonado que otras galerías más “tradicionales”, provee el equilibrio que hace de la muestra Ojo-Pulmón, de Lula Mari, algo menos estrictamente sesudo. Con curaduría de Matías Billordo, la exposición propone repensar la aproximación del espectador a la obra a través de una presentación atípica.

Los cuadros de Mari, que quede claro, son muy buenos. Domina la técnica de la pintura al óleo a la perfección, sin caer en un virtuosismo aséptico. El naturalismo de los animales y paisajes que pinta coexiste con un uso del color premeditadamente artificial, que genera climas oníricos de tono intimista. Pero lo interesante de esta muestra en particular está en el dispositivo, el mentado mecanismo de encuentro entre obra y espectador.

Lula Mari, El banquete, espionaje, 2015

Lula Mari, El banquete, espionaje, 2015

La sala donde cuelgan los cuadros está completamente a oscuras, y lo único que permite ver los siete u ocho lienzos es una linterna que se ofrece a la entrada. la única porción de cada obra que puede verse en un momento determinado se circunscribe a un círculo de luz del tamaño de un platito de taza de té. Al principio la experiencia es un esfuerzo por lograr iluminar los trabajos en el ángulo justo para poder ver sin que el brillo opaque la superficie pictórica. Pero al cabo de unos minutos se le agarra la mano y el proceso se vuelve un juego de reconstrucción mental de las imágenes, anclado en la observación y en la memoria.

La reflexión sobre los procesos experienciales de sus “recitales de pintura” reverbera en este otro tipo de puesta en escena, que la artista llama “espionajes”. Son intervenciones que operan concienzudamente sobre la mirada y hacen pensar en la realidad misma del fenómeno de la atención, recordando las reflexiones de Jacques Aumont respecto del recorrido de la vista al mirar un cuadro o una foto. Deambulando por ese cuarto oscuro, peinando las imágenes con los haces de luz, la imposibilidad del vistazo general subraya permanentemente su importancia en la construcción de una imagen mental a partir de la recolección sensorial.

Mediatizando el vínculo obra-espectador, la experiencia que propone Lula Mari deja en carne viva el proceso mecánico, primero, y cognitivo, después, por el cual una imagen es trasladada desde su soporte físico hasta la realidad inmaterial de la conciencia.

Lula Mari, La vuelta del limón, 2014

Lula Mari, La vuelta del limón, 2014