Mike Kelley se adueña de New York

Luego de su suicidio, la retrospectiva de Mike Kelley revela el eclecticismo de un gran corpus artístico. Y deja claro que la vida cultural neoyorquina no termina en Manhattan.

MoMA PS1

MoMA PS1

Nací y crecí toda mi vida lejos de los Estados Unidos. Sin embargo Nueva York es una de las ciudades en el mundo que menos sorpresas me esconde. Es un lugar increíble, pero casi nunca me encuentro en situaciones perfectamente imprevistas. Me seduce, me emociona, hasta me asusta; pero rara vez me sorprende. La cultura popular lo diseccionó (películas, series, historietas) al punto en que, desde que llegué hace dos meses, me siento en un estado de déjà vu permanente. De personajes suburbanos de aspecto peligroso a delicados aristócratas trajeados, de proyectos de vivienda pública a rascacielos ostentosos, del South Bronx al Upper East Side, las circunstancias todavía no me encontraron completamente desprevenido. Excepto en la retrospectiva póstuma de Mike Kelley en el MoMA PS1.

Kandor series, 2007

Kandor series, 2007

Uno de los mayores estereotipos que moldeaban mi comprensión prefabricada de la vida artística de la ciudad giraba en torno a la idea de que todo evento importante sucede invariablemente en Manhattan. Había visitado muchos espacios de arte en este distrito, e incluso el deslucido Museo de Brooklyn. Hasta ese momento todo confirmaba mis nociones Manhattan-céntricas. Acercándome al PS1 a pie, mi percepción no cambió demasiado: queda en el distrito de Queens, y los alrededores no desentonan con otras imágenes de segunda mano que tenía del barrio. El edificio se confunde con su entorno, y la fachada de ladrillos bien podría ser la de una fábrica de billeteras.

Pero apenas entré empecé a sentir que algo era diferente: para acceder a las salas de exhibición principales hay que cruzar un patio enrome a través de un camino de cemento, y mientras caminaba me encontré rodeado de los varios pabellones del lugar. Esto me dio una idea bastante más claras de las dimensiones descomunales de la institución. En medio del espacio abierto había una estructura semiesférica enorme que funcionaba como una especie de cine-planetario en el que estaban proyectando el largometraje satírico-pop Day is Done. Creo que fue ahí que finalmente entendí que esta era una ocasión singular para la vida cultural de la ciudad, comparable a muchas de las exhibiciones de alto calibre organizadas en el MoMa de Manhattan.

Ah... Youth!, 1991

Ah... Youth!, 1991

Lo que más me impresionó fue el trabajo en sí. Hacía poco había visto otra muestra de Mike Kelley en Centro Georges Pompidou de París. Aunque sigo pensando que fue un espectáculo genial, el tamaño era de alrededor de un décimo de lo que vi en el PS1. Sí contenía muchos trabajos pero, quizás porque no se le había concedido un espacio mayor, asumí que no era la clase de artista que podía llenar todo un museo con su trabajo... estaba equivocado...

Animation 2, Kandor series, 2007

Animation 2, Kandor series, 2007

No toda la obra de Kelley es necesariamente convincente, pero en realidad el corpus entero de ningún artista lo es. El simple hecho de que un creador solitario pueda haberse apropiado del espacio de todo un edificio (o, más bien, conjunto de edificios) de semejante tamaño es en sí extraordinario. Incluso si es en gran medida mérito de la curadora Ann Goldstein y su equipo, que empleando el trabajo del artista consiguieron ambientar los cuatro pisos del museo con resultados estéticos excelentes. Y si la presencia visual de las instalaciones de Kelley no siempre es impactante, a menudo sí lo es, y algunas de las piezas son simplemente maravillosas.

Yo me sentí personalmente atraído por la serie Kandor. Fue realizada entre 2007 y 2012, cerca del fallecimiento del artista. Hacia esta etapa de su vida Kelley se había convertido en un artista reconocido internacionalmente, y trabajaba con Gagossian desde hacía varios años. La espectacularidad suele ser un hecho en esas circunstancias, una consecuencia casi inevitable de los recursos ilimitados que los marchands acaudalados ponen a disposición de sus protegidos. Mi interés, como el de un mosquito revoloteando en torno a una lamparita, no sería en ese caso demasiado original. Pero no es tan simple: en mi adolescencia fui un lector de historietas apasionado, sobre todo de las aventuras de Superman, y las radiantes mini-capitales embotelladas de Krypton (el planeta natal de Superman) despiertan en antiguos entusiastas del noveno arte como yo la nostalgia de una inocencia perdida.

Day Is Done, 2005-06

Day Is Done, 2005-06

No solo los trabajos enormes de Kelley son cautivantes. Fue el tipo de manipulador de la atención que podía crear densidad simbólica a partir de la nada. La cualidad perturbadora de Ah... Youth es un buen ejemplo. Entre las instalaciones a menudo gigantescas, como la colosal Eternity is a Long Time, esta pieza más bien sobria bien podría haber pasado desapercibida. Pero ubicando un autorretrato torturado entre imágenes de sus muñecos de peluche, casi como por accidente, interrumpe hábilmente los hábitos perceptivos de su público. Lejos de ser ignorado, este conjunto de fotos despojado inevitablemente le arranca una interpretación a cualquiera que se le pare enfrente.

Haya sido un coreógrafo hipnótico y ruidoso o un sutil artesano visual, la mayoría de su trabajo es digna de la potencia consagratoria que solo una institución de arte reconocida puede conferir. El MoMA PS1 puede no quedar en el mismísimo centro de Manhattan pero dista mucho de ser una galería periférica y marginal. Y aunque me resulta exagerado afirmar, como he escuchado decir, que es el más importante espacio de arte de la ciudad de Nueva York, sí es perfectamente capaz de manejar el trabajo de Mike Kelley y cualquier otro artista de renombre internacional.

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