Proximidades demasiado intensas

La 3° Trienal de Arte Contemporáneo de París, bautizada Intense proximité ["Intensa Proximidad"], es la mega-exposición con que el Palais de Tokyo celebra su reinauguración.

Cerrado durante un año por ampliaciones, el incremento de la superficie del Palais de Tokyo en 14.300 m2 supuso una puesta en escena colosal. Algunas cifras dan cuenta de la envergadura del proyecto: 120 participantes, 300 actividades, 7 espacios de exposición anexos.

Thomas Hirschorn, Touching Reality

Thomas Hirschorn, Touching Reality

Lejos de ser antojadizo, este exceso aparente se explica gracias al concepto rector de la trienal. Porque estudiar los puntos de encuentro entre las prácticas de artistas y pensadores a nivel global impone ya no el deseo sino la necesidad de reunir el trabajo de personas de orígenes múltiples, en la mayor abundancia posible. Okwui Enwezor, curador general, explica que:

“…Intense Proximité (…) pone el acento en los roces y las tensiones heterogéneas que animan toda actividad humana. Propone (…) interrogarse acerca del lugar del individuo a partir de sus orígenes, su formación intelectual y su trayectoria vital en el contexto amplio de una sociedad (…) Instaura a su vez la cuestión del rol mismo de una manifestación como La Trienal en medio de los debates que atraviesan la sociedad francesa actual. Sirviéndose, como telón de fondo, de una globalización generadora a la vez de esperanzas y temores (…); artistas de todos los orígenes y todas las disciplinas (…) se interrogarán acerca de estas cuestiones espinosas...” (folleto de la exposición)

Aneta Grzeszykowska, Headache

Aneta Grzeszykowska, Headache

Pero el discurso de Ewenzor no es imparcial con respecto a la cuestión de la proximidad: sin caer en un fatalismo deprimente, los trabajos que exacerban el rol nefasto llevado a cabo por culturas imperialistas y los padecimientos de los pueblos oprimidos están a la orden del día. Es difícil escapar a la indignación que alientan trabajos como el video Touching Reality, del suizo Thomas Hirschorn, en que una mano va pasando imágenes de los horrores de las guerras que occidente promueve en el Cercano Oriente con el desparpajo de quien opera un IPhone; o el enjambre de imágenes que entremezclan violencia y religión en la caótica instalación en que el turco Sarkis recoge una buena porción de su producción.

Dominik Lang, Sleeping City

Dominik Lang, Sleeping City

También se vincula a este afán denunciatorio la mera abundancia comparativa de artistas provenientes de regiones periféricas. Chris Ofili, de origen nigeriano al igual que Ewenzor, llama la atención con sus telas que ostentan las características protuberancias hechas de excremento de elefante. La marroquí Bouchra Khalili y su videoinstalación Speeches nos acercan fragmentos de textos célebres de pensadores políticos pronunciados en idiomas incompresibles para el oído occidental.

Jean-Luc Moulène, Les filles d'Amsterdam

Jean-Luc Moulène, Les filles d'Amsterdam

Esto no significa en modo alguno que el eje conceptual sea incorrecto o banal. Al contrario: las tensiones puestas en juego son propias de la historia de los siglos XX y XXI, y esenciales en mayor o menor medida para la historia del arte de nuestra época. Lo que sí podría imputársele son algunas desprolijidades en lo relativo al guión curatorial y al montaje.

El capítulo latinoamericano, por ejemplo, no logra dar cuenta de la riqueza de una tradición artística que desde temprano buscó desafiar la hegemonía eurocéntrica con estéticas propias. Si bien hay un modesto espacio dedicado a Wilfredo Lam, muchos autores que desde la perspectiva adoptada por Ewenzor serían esenciales brillan por su ausencia.

Monica Bonvicini, Deflated

Monica Bonvicini, Deflated

En realidad, muchas obras notables le escapan a la dicotomía cultura opresora / oprimida. Una perla: la serie de fotografías del francés Jean-Luc Moulène, Les filles d’Amsterdam, en que un grupo de mujeres muestra sus órganos sexuales mientras mira al espectador. Recordándonos El origen del mundo de Courbet, el artista se interesa igualmente por la pornografía y por el retrato, anulando la aparente incompatibilidad de estos géneros al mostrarnos aquello que, además de su sexo, es la herramienta de trabajo de estas personas. Se trata de una especie de perversión de aquellas antiguas pinturas, en que se reconocía a un rey por su corona o a un pintor por sus pinceles. Superado el estupor inicial fruto del erotismo del trabajo, las asociaciones posibles son de una gran riqueza.

Dominik Lang, Sleeping City

Dominik Lang, Sleeping City

En cuanto al montaje, en general bastante cuidado, hay dos fallas que se retroalimentan y por momentos se hacen demasiado patentes: un cierto apelmazamiento de las obras y una iluminación ambiental que no subraya nada. Esto bien podría interpretarse como una manera de reforzar la “intensa proximidad”, generando un espectáculo homogéneo donde nada se destaca. Lo cual funciona a la perfección, en la medida en que la intención del espectador no sea sorprenderse con obras que lo cautiven, haciéndole sentir que está viendo algo fuera de lo ordinario.

¿O será simplemente que cualquier placer sensorial que pueda experimentar la audiencia perdió definitivamente relevancia en materia de artes contemporáneas?

Leer reseña en ramona.org.ar