Un chino en París

La primera gran exposición de Yue Minjun en Europa trae una brisa de aire fresco al árido paisaje artístico occidental.

The Artist And His Friends, 1991

The Artist And His Friends, 1991

Antes de visitar la exposición, mi único contacto con el trabajo de Yue Minjun consistía en relojear con cierta curiosidad los afiches que por estos días invitan a visitar la retrospectiva que, justamente, venía a ver: L’ombre du fou rire (“la sombra de la carcajada”). Fundamentalmente a causa de mi propia ignorancia, mis expectativas eran bastante pobres.

Al salir de la estación Raspail, en torno a las cinco de la tarde, la capital francesa estaba completamente a oscuras y el mercurio apenas rebasaba un grado. Llegar a la Fundación Cartier para el arte contemporáneo supuso caminar 500 metros al cabo de los cuales mi humor parecía tan helado como mis pies. Lo único que atinaba a pensar mientras esperaba para entrar era “más vale que esto esté bueno”.

Memory-2, 2000

Memory-2, 2000

Pero mi entusiasmo se encendió inmediatamente ante el primer cuadro. Un grupo de alegres asiáticos de rasgos caricaturescos me daba la bienvenida delante de un cielo surcado por jets de guerra. La pintura era The artist and his friends, de 1991, y si bien se trata de un trabajo en el cual el estilo distintivo de Minjun aun no se había consolidado, la imagen anunciaba que estaba por ver algo fuera de lo común.

La muestra, curada por Hervé Chandès, consta de tres secciones. El primer capítulo invita a descubrir la evolución del artista entre 1990 y 2000, desde sus primeras telas hasta la cristalización de su estilo. Un segundo episodio pone énfasis en las referencias artísticas que pueblan su trabajo y revela una faceta diferente de su obra. Finalmente, la tercera parte se ocupa de sus últimas realizaciones, con cuadros de fecha tan reciente como junio de 2012.

The Death Of Marat, 2002

The Death Of Marat, 2002

La exhibición acerca una obra característica, en que el artista se autorretrata una y otra vez en los contextos más variados. Sin embargo, hablar de autorretrato puede ser engañoso, ya que la típica risotada con que Yue Minjun invariablemente se inserta en sus imágenes tiene poco de la singularidad que define a la disciplina del retrato. Su rostro, idealizado, repetido infinidad de veces con exactamente el mismo gesto en cada oportunidad, hace referencia al artista solo tangencialmente, siendo en realidad portador de un bagaje simbólico mucho más rico. El contexto político-cultural del artista explica en gran medida la artificialidad gestual de sus personajes, que expresan con ironía la voluntad de uniformización de la sociedad por parte del poder. Con respecto a la risa el mismo Minjun ha reconocido que “el acto de sonreír, de reír para ocultar la impotencia, tiene [una gran] importancia para mi generación”. En tanto que último reducto de libertad, en su pintura la risa deviene simultáneamente acto de rebeldía y elemento anulador de la individualidad.

The Sun, 2000

The Sun, 2000

La fuerza con que sacude al espectador desprevenido este trabajo probablemente se vincule a las tendencias artísticas del momento. Esto es, a las corrientes occidentales. Pues las modas que se originan en los polos del arte de occidente, copiadas por el resto del hemisferio con una rebeldía más o menos tibia, hace tiempo que vienen desgastándose. La superintelectualización del arte que opera en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica desde principios del siglo XX ha hecho un mal chiste de gran parte de la realización artística contemporánea. Los artistas se jactan de lo personal de su trabajo cuando en la mayoría de los casos no hace más que volverlo indescifrable, autocomplaciente y, lisa y llanamente, feo. El camino que hoy transita la historia del arte occidental no se explica más que a través de una combinación de factores entre los que sobresalen la vanidad y la concentración de capital. Pero la historia en oriente aparentemente ha sido diferente, y este chino oriundo de la provincia de Heilongjiang tiene una propuesta estética completamente distinta a las instalaciones, performances y objetos de arte que desde hace décadas aburren al público occidental.

Minjun nos propone un mundo simbólico profundo pero accesible, una figuración tan sensual como cerebral y una pintura de coloración vibrante y bien ejecutada. Representante fundamental del “realismo cínico”, Minjun figura además en el top 10 de los artistas mejor cotizados del arte contemporáneo, grupo encabezado por Hirst, Koons y compañía, pero en el cual los asiáticos de nombre impronunciable son sorprendentemente mayoría. El arte oriental pareciera querer abrirse paso ¡Por suerte!

Yue Minjun

Yue Minjun

Al volver al frío de la calle, sólo dos certezas entibiaban mi corazón: por un lado, desde luego, saber que un delicioso Bordeaux me esperaba en algún rincón de la ciudad. Pero ante todo la certidumbre de que, empezando con exhibiciones como esta, el arte oriental promete agitar violentamente las aguas estancadas de la agonizante tradición occidental.

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