Un paseo por Chelsea

Si las oficinas del arte contemporáneo internacional por excelencia, donde se invierten millones en escasos días, es la escena itinerante de las ferias de arte, el domicilio fijo quizás sea el barrio neoyorkino de Chelsea. Con más de 350 galerías, incluyendo sucursales de las más prestigiosas del planeta, este rincón de Manhattan es el distrito de arte con más actividad comercial de la actualidad.

Pablo Picasso

Pablo Picasso

Pero aquello de que no todo lo que es oro brilla es particularmente cierto para buena parte de los participantes del mundo del arte, especialmente críticos y artistas. El arte que se comercia en Chelsea es denostado cotidianamente por los que saben (o creen saber). De vez en cuando habrá alguna buena exposición o incluso un poco de buen arte, pero ningún especialista arriesgaría su reputación afirmando que Chelsea es un lugar que vale la pena visitar.

Picasso, Jacqueline with Flowers/Jacqueline aux Fleurs, 1954

Picasso, Jacqueline with Flowers/Jacqueline aux Fleurs, 1954

Aunque parte de mí acepta la versión de que allí solo se muestra obra producida para ser automáticamente vendida, tonta y sin alma, en realidad es una gran generalización. Que el arte sea producido en masa para las bóvedas de algunos especuladores acaudalados difícilmente conducirá a una cultura visual interesante. Ok, ¿Pero quién decide qué es bueno y qué es malo? ¿Cómo y porqué? En una visita reciente al barrio de Chelsea descubrí que, de todo lo que vi (fracción irremediablemente mínima lo mucho que podría verse), una mitad me aburrió, la otra me gustó y alguna obra me pareció excelente.

Dos de los galeristas-leviatanes, Pace y Gagosian, exponen obras de un Picasso ya añejo, pero que sigue dando alimento al negocio del arte. Gagosian hizo lo que pudo con Picasso & The Camera. La curaduría es muy buena, pero esta vez Pace le ganó a fuerza de desplegar todo el talento del malagueño con infinidad de pinturas enormes de su última esposa. Sin que nadie me pregunte, declaro a Picasso & Jacqueline: The Evolution of Style ganadora entre dos exposiciones igualmente dignas del mejor de los museos.

Yasumasa Morimura, Living in the realm of the painting (The princess), 2013

Yasumasa Morimura, Living in the realm of the painting (The princess), 2013

Otro gigante, Hauser & Wirth, expone Moun Room, de Thomas Houseago. El comunicado de prensa suena bien y esta especie de laberinto de yeso quizás evoque “medallones místicos celestiales”. En lo que a mí respecta, la textura del yeso me recordó la tosquedad del lado exterior de una pileta aun no encastrada en el suelo. La idea de un chapuzón mezclada con el frío cáustico que hacía en la ciudad no me fue muy grata: cuando tenga mi museo al aire libre, Moun Room difícilmente estará entre mis primeras opciones. De todos modos el yeso se desintegraría.

Luhring Augustine presenta la serie Las Meninas Renacen de Noche de Yasumasa Morimura. El fotógrafo transformista japonés recrea el cuadro de Velázquez una y otra vez usándose a si mismo como modelo, profundizando los interrogantes relativos a la autoría, el punto de vista, y la identidad planteadas por el pintor español. Lo divertido con toques de grotesco hizo por sí mismo que la visita valiera la pena.

Thomas Houseago, Moun Room (installation view), 2013—2014

Thomas Houseago, Moun Room (installation view), 2013—2014

A la distancia, me resulta curioso que The Thing and the Thing-in-Itself en Andrea Rosen me haya resultado tan árida. La selectísima lista de artistas que la componen incluye a Duchamp y a Magritte ¡Wow! El aporte de estas figuras a la historia debería bastar para dejar helado a cualquier visitante mínimamente informado. Tal vez, pero habiendo hecho un esfuerzo por ignorar la gloria que envuelve a estas popes del arte conceptual, la exposición me produjo poco más que indiferencia. Muy curioso.

El plato fuerte para mí fue el arte pseudocallejero de Doze Green. En Out of Knowhere, la paleta descontrolada y las líneas ultrasónicas de Green se funden perfectamente con la estética cultivada por el galerista Jonathan Levine, rebelde, contracultural y lejana a toda pedantería estético-aristocrática. La propuesta dibujística del artista neoyorquino demuestra una contundencia poco frecuente, a la vez que deja entrever la sutileza de un temperamento artístico hipersensible.

Doze Green, Maya Magdalena

Doze Green, Maya Magdalena

La visita tuvo otras paradas, incluyendo Works on Paper, 1951-1991 de Robert Motherwell, en Paul Kasmin, o In the Land of the Dead, Stepping on the Tail of a Rainbow de Takashi Murakami, en Gagosian, pero la oscilación “bueno/no tanto” se mantuvo. En definitiva, quien trate de poner todo el arte de Chelsea en la misma bolsa va a tener una cantidad de razón (acaso mucha), pero se va a perder unas cuantas muestras. Algunas, incluso, muy buenas.

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