Una visión del Arte Argentino

Para Opera Prima, los organizadores se plantearon el objetivo ambiciosísimo de dar a conocer al gran público la camada más nueva de artistas argentinos. 

Autorretrato con cabeza aplastada, Santiago Gasquet.

Autorretrato con cabeza aplastada, Santiago Gasquet.

El jurado, integrado por Andrés Duprat, Raúl Flores, Mónica Millán, Liliana Piñeiro y Valeria González, seleccionó el trabajo de 51 artistas jóvenes. Venidos de todos los rincones del país, fueron elegidos de entre los más de 2.000 que respondieron a una convocatoria de proporciones federales.

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Sin embargo, la génesis de este proyecto se encuentra en el Centro Cultural Kirchner, donde originalmente iba a exponerse, y la recepción de carpetas se remonta a octubre de 2015. La idea es por lo tanto muy anterior al cambio de gobierno, con lo cual la libertad de una realización propia queda constreñida por las dificultades de lidiar con una herencia que, dadas las circunstancias, es como mínimo compleja. Este peso político relativo quizás explique lo prolijo en el montaje y la presentación, y el glamour de la recepción. O tal vez se deba a la dirección de Valeria González y equipo. Como fuere, esta claramente pertenece a ese puñado de exhibiciones de arte de las cuales nadie dudaría en decir que está “bien hecha”. 

La presentación de las obras no es temática, y el espectador es invitado a visitar la muestra sin seguir ningún recorrido particular. La cantidad y variedad de trabajos se hubiese prestado bien a una guion curatorial más elaborado, pero haber usado el arte para darle cuerpo a una narración mayor habría erosionado la posibilidad descubrir las personalidades individuales de los artistas. Me imagino el enfado de muchos curadores que se habrán regodeado ante la idea de apropiarse del discurso de la exposición, pero aplaudo a la Casa del Bicentenario por haber superado la tentación de introducir temas que excedan las intenciones de los artistas. 

En cuanto a las obras, hubieron varios trabajos que me llamaron la atención. Autorretrato con cabeza aplastada, de Santiago Gasquet, es un dibujo ilusionista y meticuloso, con toques de grotesco. Aunque esa parte de la obra está cimentada en el virtuosismo de la realización, el estar apoyado directamente sobre el suelo, el enmarcado absurdo, y la orientación no-intuitiva hablan de intereses de otro tipo. Aunque sospecho a un purista del dibujo que hizo un agregado a su práctica artística para darle un aire más vanguardista, la presentación atípica logra en efecto producir un cortocircuito interpretativo que la vuelve difícil de rubricar. 

Al margen del juego de palabras, la instalación Grafito sobre papel, de Sofía Noble, explora las ambigüedad entre lo real y lo representado. En un gesto que me recordó a La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen, una pantallita montada sobre la pared muestra una mano que ralla maniáticamente lo que pareciera ser un trozo de grafito. La imagen simula dejar caer el material pulverizado sobre una suerte de torre de papel apilado. El efecto es entretenido, y casi logra justificar el desperdicio de las múltiples resmas de papel.

Javier Soria Vázquez

Javier Soria Vázquez

Javier Soria Vázquez ejecutó una performance que introdujo en el clima de la muestra un elemento disruptivo que me volvió consciente muy rápidamente sobre el contexto particular en que se estaba dando el evento. Haciendo retratos de los visitantes de una manera reminiscente de los retratistas ambulantes que suelen transitar lugares de interés turístico, activó un contraste esencial entre lo que es percibido como Bellas Artes y lo que no. No en vano bautizó Valuarte a una acción que arroja sobre el mantel a la infinidad de condicionantes que determinan la percepción de lo que vuelve valiosa (o no) a la obra de arte. 

Entre otros de los trabajos que me gustaron estuvieron Felíz Cumple, de Roberto Cortéz; Flora hipercósmica, de Andrés Chouhy; y las fotos de de Roberto Riverti. 

Por momentos sentí que la exhibición es otra víctima de la moda, y que en alguna medida privilegia demasiado lo nuevo y “cool” por encima de otros criterios. La selección de ciertas obras pareciera caer en el gusto por un tipo de arte mal entendido en su carácter contemporáneo. Sin embargo, creo que en su mayoría los trabajos son muy buenos (¡Algunos excelentes!). No me fío de las bolas de cristal, pero Opera Prima trae buenos augurios sobre el futuro del arte argentino.